Fuimos con la intencion de solo conocer y acercarnos a los mas cachorros, pero resultaron ser mas tranquilos los adultos, con los que pasamos cerca de una hora dentro de sus jaulas, usandolos como cojines, tocandolos y posando para varias fotos. Luego rematamos entrando a la jaula de los inquietos cachorros, los cuales no se dejaron fotografiar tranquilamente, pero pudimos verlos tomar leche en mamadera por lo menos.
Puede que al leer esto parezca muy exotica y arriesgada la experiencia, pero la verdad es que despues de unos minutos rodeados de tanto tigre, da la sensacion de estar en el patio de la casa con el perro de toda la vida, como si fuera de lo mas comun.
Luego de pasar un buen rato con el mas grande de los felinos, volvimos a Chiang Mai para despedirnos de esta ciudad, en la cual hicimos cosas tan diversas y exoticas como el safari en elefante, el rafting en bambu, las mujeres de cuello de jirafa y por supuesto el contacto con un tigrecito baby.
Despues de una linda y romantica ultima cena, abordamos el minibus que nos llevaria a Chang Khong, en la frontera con Laos, para comenzar nuestra aventura por el quinto pais del tour.
1 comentario:
Me imagino, igual que el perrito de la casa ... sobretodo si decide mandarse una cagada o pegarte un mordisquito poco, jajaja!
Publicar un comentario