lunes, 19 de enero de 2009

Luang Prabang

Llegamos tranquilamente en un slow boat y vivimos tres dias en este pueblo con la misma tranquilidad con que llegamos. Admiramos la vista desde un mirador, disfrutamos las frescas aguas de hermosas cascadas, recorrimos largas ferias de artesania tipica, comimos muy bien y terminamos con un agradable masaje.



El primer dia consistio en recorrer las callecitas de este pueblo. Las mas lindas, sin duda, son las que dan al rio Mekong, que aunque sus aguas son del mismo cafe que nuestro querido Mapocho, es bastante mas llamativo por su amplitud y por los cerros y vegetacion que lo rodean. Nuestro panorama favorito, fue instalarnos a almorzar en alguno de los varios puestos a la orilla del rio. Estos restoranes son sencillos y lindos, tienen unas terrazas con una hermosa vista al Mekong. Desde sus mesas de madera nos instalabamos a disfrutar de su exquisita comida, jugos tropicales y de las distintas actividades que trancurrian en el rio. Pudimos ver monjes en sus tunicas naranjas cruzando verdes caminos, campesinos cosechando en las pocas aldeas del otro lado, botes transportando todo tipo de cosas y hasta un partido de futbol protagonizado por algunos ninos en un arenal que se producia en el medio del rio.












El segundo dia tomamos un tuctuc y luego de casi 40 minutos llegamos a un bosque tropical. Al interior se encontraban varias cascadas de distintas alturas y tamanos con un agua calipso como en las peliculas. El paisaje natural intervenido por algunos puentes y molinos de agua era precioso. Algunos turistas se aventuraron a banarse en algunas de las heladas piscinas que formaban estas cascadas (entre ellos Miguel, que hasta se tiro de una liana alta a lo Tarzan.)
En medio de este bosque se encontraba tambien una reserva de un tipo de oso mas chico que el americano y pudimos verlos trepar y moverse, pero desde lejos.
Cuando regresamos al pueblo subimos un cerro que tiene un templo en la cumbre y un mirador desde el cual se puede ver todo L.P.













Siguiendo las tradiciones del lugar, compramos una jaulita de mimbre con dos pajaros y los soltamos para que volaran luego de haber pedido un deseo cada uno.
Ya en la noche (y confieso que no fue la primera ni la ultima vez) recorrimos una larga feria artesanal que se instala ocupando como cinco cuadras. Ademas de la ansiedad por comprar, debo decir que esta feria es un paseo cultural, ya que presenta el desarrollo artistico de distintas tribus, principalmente textiles (ropa, cubrecamas, munecos, cojines, etc), pero tambien objetos en papel mache, joyas o antiguedades. Fue una de las mejores ferias que he visto en mi vida (hasta a Miguel le intereso recorrerla, jaja.)





1 comentario:

Claudia Pacheco dijo...

ya poh, completa el blog......... te estai relajando????