Nuestro minibus llego a eso de las 3 AM al pueblo fronterizo con Laos (Chang Khong). Ahi alojamos en un hotelcillo de mala muerte, pero no habia mucho mas donde elegir... menos a esa hora de la madrugada.
Al dia siguiente la despertada fue temprano para ir a hacer los tramites de imigracion para poder ingresar a Laos. Una burocracia enorme que se traduce en tener que pagar una visa de entrada al pais de cerca de 30 dolares por persona.
En un lado del rio es Tailandia, una vez que uno lo cruza (en unas lanchitas minimas) llega ya al misterioso y tranquilo Laos.
Luego de los tramites nos arriaron (eramos cerca de 100 turistas) hasta el famoso SLOW BOAT. Se llama asi porque se demora 2 dias en llegar a su detino, en vez del repido q solo demora uno. Como fuimos los ultimos en subirnos al bote, no quedaban asientos, asi que con un grupo de islandesas, un italian, un frances y un infaltable chileno, nos sentamos en el suelo arriba de nuestros recien comprados cojines.
El viaje duro cerca de 7 horas, yendo rio abajo a una velocidad realmente slow. En todo caso el paisaje era bien bonito... mucho verde, algunos pajaros revoloteando y un rio tranquilo, perfecto para manejar en un soleado dia de enero. El problema es que es estacion seca, asi que el rio estaba bien bajo, por lo que estaba algo peligroso por la gran cantidad de piedras que habian en el camino.
Luego vinieron las cervezas y el viaje se hizo mas liviano, llevadero y sin duda mas alegre.
A eso de las 5 PM llegamos a la peqenha aldea que nos iba a recibir por esa noche. Al llegar nos invadieron los locales a ofrecermos sus hostales, bajando el precio a medida que no los pescabamos. AL final terminamos quedandonos como por 3 lucas, en una pieza com banho privado y agua caliente (pero en banho compartido). Estabamos todos algo cansados, asi q la tertulia nocturna fue bastante breve...
Al otro dia de nuevo al bote, pues nos esperaban 8 horas mas de viaje. Este se hizo menos agradable que el primero... todo el mundo mas cansado y adolorido por el bote (y por los colchones que parecen de piedra que tienen en los hostales baratos en Laos). Quizas influyo que este segundo dia habia menos cerveza....
Ya era tarde cuando avistamos civilizacion otra vez. Era el esperado pueblito de Luang Prabang, un pequenho paraiso colonizado por los franceses que hasta el dia de hoy exhala su influencia europea, en las fachadas de sus edificios y como mas tarde comprobariamos, en su exquisita cocina.
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